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Más producción

La importancia de registrar las tareas en el yerbal

Juan Dutka es un pequeño productor de 25 de Mayo que anota en un cuaderno el manejo que realiza en sus yerbales y los rindes de cada lote. La técnica del INYM de su zona lo asesora para que pueda alcanzar el objetivo de incrementar el volumen de cosecha.

Conocer los datos es fundamental para desarrollar cualquier actividad productiva y la producción de yerba mate no escapa a esa premisa. Ya son muchos los yerbateros que toman nota del manejo que realizan en sus chacras y de los kilos cosechados en cada zafra. Uno de ellos es Juan Dutka, un pequeño productor de la zona de 25 de Mayo que combina su tarea como docente en el Instituto de Enseñanza Agropecuaria con el cultivo de yerba mate.

“Tengo tres hectáreas de yerba mate y a cada lote le puse un cartelito. De esta manera sé cuántos metros cuadrados tiene cada uno, qué tareas realicé y cuántos productos apliqué. También puedo saber el volumen de cosecha de los lotes en cada año”, explica.

Estos yerbales tienen alrededor de 40 años y cuando el productor adquirió la chacra estaban bastante degradados, además de castigados por el sol. Con el acompañamiento de la ingeniera agrónoma Gabriela Silva Dico, del Servicio de Extensión Yerbatero, modificó el manejo de planta y suelos para comenzar la recuperación. “Todos los años este productor realiza una limpieza con serrucho y luego hace el rebaje con motosierra. De este modo – indica la profesional- va mejorando las plantas”.

Desde que comenzó a trabajar sus lotes de yerba mate, Juan desarrolla la cosecha de rama de dos años, más conocida como “rama madura” ya que – asegura- tiene múltiples ventajas. “Además de follaje para la cosecha del próximo año, este sistema hace que haya menos malezas porque las plantas están bien abiertas”, comenta.

Sigue al pie de la letra las sugerencias que le brinda su técnica. “Se recomienda dejar alrededor del 30 % en planta para que la misma tenga fuerzas y reservas para brotar al año siguiente”, subraya Silva Dico.

En su manejo integral el productor también se preocupó por proteger el suelo con cubiertas verdes, alternando especies de verano e invierno. Según la época del año, en los entrelíneos es posible observar raigrás, cebadilla criolla, poroto sable, lupino o nabo forrajero.

Los caminos que conectan los lotes de yerba también tienen un manejo que se destaca: todos están cubiertos con pasto. “La idea es evitar la erosión y que el agua de lluvia se quede en la chacra”, remarca.

Con todo este manejo, Juan tiene como objetivo volver a los rindes de hace unos años, cuando había iniciado el sistema de cosecha de rama madura. “La idea es pasar de los 7.000 kilos por hectárea a los 10.000 kilos que inicialmente obtuve cuando empecé con la cosecha de rama madura; llegar a una producción de unos 30.000 kilos con las tres hectáreas”, concluye entusiasmado.

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